Young Adults of St Francis

April 7, 2014

Posted on: April 13, 2014

CRIME AND PUNISHMENT

 
“Nor do I condemn you. You may go.” —John 8:11
 
Injustices are not merely thoughts or feelings; they are realities. Therefore, we must not only stop injustices to the poor but also begin to repair the damage inflicted. Punishing those guilty of injustice is part of repairing the evil effects of injustice. Punishment stops the wrongdoing. It may be part of leading wrongdoers to repentance. Punishing the unjust restores some peace and security to the community. It also restores the just values which have been skewed by injustices. So it would be unrealistic and unjust to let the adulteress in today’s Gospel reading go unpunished. The Pharisees were not necessarily being vindictive when they planned to stone the adulteress. They were doing justice.

When Jesus let the adulteress go, He would have been unjust if He had not planned to provide justice for her victims and society in general. Jesus did this when He took her punishment upon Himself and was executed in her place on Calvary.

This may be why Jesus “bent down and started tracing on the ground with His finger” (Jn 8:6). He may have been deliberating whether to suffer the punishment for the adulteress’ sins, our sins, and those of the whole world. As Jesus bent down, He may have thought of being knocked down and tortured. As He traced on the ground with His finger, He may have seen the nails being pounded through His hands and His dead body being buried in the ground. When Jesus stood up and let the adulteress, and us, go free and uncondemned (Jn 8:11), He condemned Himself to take on the punishment justly due to all the sinners of all times. Jesus condemned Himself to an unimaginably brutal death for justice and love of us.

 
Prayer: Jesus, I am Barabbas (see Mt 27:16ff). The cross was intended to punish me. Thank You for justifying me (see Rm 5:1).
Promise: “The whole assembly cried aloud, blessing God Who saves those that hope in Him.” —Dn 13:60
Praise: St. John urged, “Be driven by the love of God then, because Jesus Christ died for all.”
 

Rescript: In accord with the Code of Canon Law, I hereby grant my permission to publish One Bread, One Body covering the period from April 1, 2014 through May 31, 2014.
†Most Reverend Joseph R. Binzer, Auxiliary Bishop, Vicar General of the Archdiocese of Cincinnati, October 30, 2013.

The rescript is a declaration that a book or pamphlet is considered to be free of doctrinal or moral error. It is not implied that those who have granted ecclesial permission agree with the contents, opinions, or statements expressed.

CRIMEN Y CASTIGO

 
“Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante” (Juan 8:11).
 
Las injusticias no son sólo pensamientos o sentimientos; estas son realidades. Por lo tanto, estamos obligados a poner un alto a las injusticias hacia los pobres además de empezar a reparar el daño cometido. Asegurase que se haga justicia con las víctimas es tan importante como reparar los efectos malignos de la ofensa cometida. Aplicar la justicia puede ser el primer paso hacia el arrepentimiento. Es esperado que el castigo que recibe el acusado esté en proporción con la falta cometida. Así es de esperarse que la mujer adúltera del Evangelio de hoy reciba su castigo. Los fariseos se preparan para apedrearla de manera que se haga justicia.

Fueron muchos los sorprendidos cuando Jesús no se une para ajusticiar a la mujer adúltera. Más allá de restaurar la justicia humana, la Misericordia Divina tiene el poder de transformar tanto a la víctima como a la sociedad en general. En un gesto que solamente el Amor del Padre puede realizar, Jesús asume en su propia carne todos los castigos destinados a la humanidad. De esta manera se convierte en nuestro redentor cuando fuera ejecutado en el Calvario.

Está puede ser la razón por la que Jesús “inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo” (Jn 8:6). Jesús está interesado en cada uno de nosotros; lo más probable es que estuviera pensando en los pecados de esta mujer. Así también tuvo que pensar en nuestros pecados y los pecados de todo el mundo. Jesús pensó en que iba a ser torturado y tirado al suelo; los clavos que atravesarían sus manos, su cuerpo colgando de la cruz. Pero lleno de un Amor infinito, Él se levantó y dejó ir a la mujer adúltera de la misma manera en que nos dejó ir a nosotros…sin condena (Jn 8:11). El Cordero de Dios, se condenó a Sí mismo para tomar el castigo justo que pagarían todos los pecadores de todos los tiempos. Jesús se condeno a Sí mismo a una muerte brutal e inimaginable por justicia y amor a nosotros.

 
Oración: Jesús, yo soy Barrabas (ver Mt 27:16) La cruz era para mi castigo. Gracias a Ti por justificarme (ver Rom 5:1).
Promesa: “Entonces la asamblea entera clamó a grandes voces, bendiciendo a Dios que salva a los que esperan en él” (Dn 13:60).
Alabanza: San Juan nos anima a “dejarnos guiar por el amor de Dios, porque Jesús Cristo murió por todos”.
 

Rescripto: Según el Código de Derecho Canónico, se otorga el Imprimátur (permiso de publicar) a Un Pan, Un Cuerpo por el periodo desde 1 de abril de 2014 hasta 31 de mayo de 2014 incluso.
†Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 18 de diciembre de 2013.

El Imprimátur (permiso de publicar) es una declaración que un libro o folleto se considera libre de error doctrinal o moral. No implica acuerdo con contenido, opiniones o afirmaciones expresadas en el mismo.

 

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