Young Adults of St Francis

March 31, 2014

Posted on: April 4, 2014

THE JOY OF LENT AND LIFE

 
“There shall always be rejoicing and happiness in what I create.” —Isaiah 65:18
 
If the Lord creates a calling for you, you can find joy in it. If He calls you to life-long celibacy, you have cause for rejoicing. If the Lord gives you and your spouse ten children, rejoice in the sacrifice of having a large family. When He calls us to repent, we share in the great joy of heaven over one sinner who repents (Lk 15:7). When the Lord gives us the privilege of being persecuted for the Gospel, we should rejoice in the measure we share in His sufferings (1 Pt 4:13).

There’s more joy in suffering with Jesus than in having pleasure without Him. True joy depends on only one thing: “Did the Lord create it? Is it His will?” Therefore, joy is not feeling good but obeying the Lord (see Ps 40:9). This makes it possible to rejoice always (1 Thes 5:16). No one and nothing can take our joy from us (Jn 16:22).

We can’t always feel good but we can always obey God and thereby always rejoice. In fact, not only can we rejoice in the Lord but also rejoice with the divine joy of the Lord. We can actually have Jesus’ joy (Jn 15:11). Moreover, this divine joy will be our strength (Neh 8:10).

“Rejoice in the Lord always! I say it again. Rejoice!” (Phil 4:4)

 
Prayer: Father, this Lent may the joy in my life reach fever pitch (Acts 8:8).
Promise: “He and his whole household thereupon became believers.” —Jn 4:53
Praise: The Rileys left a job, home, and security to move and join a Christian community.
 

Rescript: In accord with the Code of Canon Law, I hereby grant my permission to publish One Bread, One Body covering the period from February 1, 2014 through March 31, 2014.
†Most Reverend Joseph R. Binzer, Auxiliary Bishop, Vicar General of the Archdiocese of Cincinnati, August 8, 2013.

The rescript is a declaration that a book or pamphlet is considered to be free of doctrinal or moral error. It is not implied that those who have granted ecclesial permission agree with the contents, opinions, or statements expressed.

 

LA ALEGRÍA DE CUARESMA Y LA VIDA

 
“…se regocijarán y se alegrarán para siempre por lo que yo voy a crear” (Isaías 65:18).
 
Si el Señor te llama a servirle, puedes encontrar alegría en la llamada. Si Él te llama al celibato para toda tu vida, ¡alégrate! Si el Señor te da a ti y a tu cónyuge diez hijos, regocíjense en el sacrificio de tener una familia numerosa. Cuando Él nos llama a arrepentirnos, compartimos la alegría del cielo por un pecador que se arrepiente (Lc 15:07). Cuando el Señor nos da el privilegio de ser perseguidos por el Evangelio, debemos regocijarnos en la medida que compartimos sus sufrimientos (1 Pe 4:13).

Hay más alegría en sufrir con Jesús que en tener placer sin Él. La verdadera alegría depende de una sola cosa: “¿El Señor lo crea? ¿Es su voluntad?” Por lo tanto, la alegría no consiste en sentirse bien, sino en obedecer al Señor (Cfr. Sal 40:9). Esto hace que sea posible regocijarse siempre (1 Tes 5:16). Nada ni nadie puede quitarnos nuestro gozo (Jn 16:22).

No podemos sentirnos bien siempre, pero siempre podemos obedecer a Dios y por lo tanto podemos regocijarnos siempre. De hecho, no sólo podemos regocijarnos en el Señor, sino también regocijarnos con la alegría divina del Señor. Verdaderamente podemos tener el gozo de Jesús (Jn 15:11). Por otra parte, esta alegría divina será nuestra fortaleza (Neh 8:10).

“Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense” (Fil 4:4).

 
Oración: Padre, en esta Cuaresma que la alegría en mi vida alcance su punto culminante (Hch 8:8).
Promesa: “Él y toda su familia luego se hicieron creyentes” (Jn 4:53).
Alabanza: La familia Riley dejó un trabajo, el hogar y la seguridad para mudarse y unirse a una comunidad cristiana
 

Rescripto: Según el Código de Derecho Canónico, se otorga el Imprimátur (permiso de publicar) a Un Pan, Un Cuerpo por el periodo desde 1 de febrero de 2014 hasta 31 de marzo de 2014 incluso.
†Reverendísimo Joseph R. Binzer, Obispo auxiliar y Vicario general de la Arquidiócesis de Cincinnati, 8 de augusto de 2013.

El Imprimátur (permiso de publicar) es una declaración que un libro o folleto se considera libre de error doctrinal o moral. No implica acuerdo con contenido, opiniones o afirmaciones expresadas en el mismo.
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